Sergio Lavallen: Una gota de esperanza para El Impenetrable
- Acceso a la Vivienda

- 6 abr 2019
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HASTA 2008 CONSUMÍAN AGUA CON ARSÉNICO
Sin dudarlo, Sergio Lavallen, se unió al desafío de abastecer de agua potable a los habitantes de El Impenetrable ubicado en la provincia de Chaco.
Por: Antonella Caprioli

Con una voz muy amable y un tanto nostálgica, Sergio Lavallen recuerda a aquellas familias wichis, descalzas, agradeciéndole su ayuda. “Yo solo aporté mi humilde grano de arena para que esa gente tenga acceso a algo tan esencial como lo es el agua”, cuenta Lavallen. Así se refiere a su participación en el proyecto de la Armada argentina para brindarle agua potable a los habitantes de El Impenetrable (perteneciente al departamento de Taco Pozo, provincia de Chaco).
Sergio Lavallen visitó por primera vez Taco Pozo en el año 2008, tras recibir la invitación de su amigo Emilio Coronel - suboficial de la Armada argentina - para participar de este proyecto. Se conocieron trabajando en la Central Nuclear Atucha II, y esa relación sin ninguna duda se afianzó luego de esta experiencia. Conmovido y aún con asombro, Lavallen relata su llegada al lugar: “Me agarró un nudo en el estómago al ver las carencias de esas personas”. El proyecto buscaba hacer funcionar un molino que se encontraba dentro del territorio de esa escuela para que sus alumnos y las familias, en su mayoría indígenas, que vivían a su alrededor pudieran acceder a agua potable.
“Si alguno de nosotros tomaba ese agua, te aseguro que al otro día terminábamos internados”, aseguró Lavallen.
Hasta ese momento, esas personas conseguían agua en un aljibe muy precario, llena de bichos, basura y con un olor nauseabundo. “Si alguno de nosotros tomaba ese agua, te aseguro que al otro día terminábamos internados”, aseguró Lavallen. Luego de analizar el agua, descubrieron la presencia de arsénico, contenido nocivo para los órganos humanos.
Aquellas personas vivían en chozas de barro, sin puertas ni ventanas y con cueros de vacas en lugar de camas. Con un paisaje crudo, compuesto por un monte amenazador, temperaturas que ardían la tierra y una noche que inhabilitaba cualquier actividad, Sergio Lavallen y el resto del equipo abandonaron la civilización para adentrarse en El Impenetrable. No solo abastecieron de agua a los lugareños sino también recolectaron durante meses alimentos, medicamentos, ropa, colchones, útiles escolares, etc. Cuenta que en uno de los viajes hacia la provincia, la Armada envió un camión repleto de donaciones.

“Hasta que no lo vivís, no lo creés”, asegura mientras recuerda la descompensación que tuvo un día debido a las altas temperaturas (45 grados promedio). Según contaba en aquel entonces una de las maestras de la escuela, Sergio desde el primer momento se conectó con sus habitantes y mostró un notable compromiso con el proyecto, “desde su llegada miraba anonadado a los niños”. Durante cuatro meses, Lavallen construyó las piezas necesarias para la puesta en marcha de aquel molino, juntó donaciones con la ayuda de sus compañeros de Atucha y realizó rifas para recolectar el presupuesto suficiente para lograr ayudar a aquellos chaqueños.
A los 57 años, recuerda con orgullo sus días en el norte argentino y relata con detalle los contrastes de la vida de aquellos habitantes con la suya: “Un día un cacique me contó que su padre se había enojado con él por haber comprado una heladera a querosén, no entendía para qué servía”. También relata con tristeza la muerte de una niña wichi, quien había caído de su caballo al llegar a la escuela y por no tener acceso a atención médica, perdió la vida.
Por su labor, la Armada le entregó medallas en reconocimiento, además de poemas y canciones que los niños le escribieron en señal de agradecimiento. “Él siempre cuenta los peligros del lugar, desde el clima hasta los animales, que ponían en riesgo su vida, y ahí es donde te das cuenta del valor que tiene lo que hizo”, asegura Nelson Caprioli, compañero de trabajo de Lavallen.




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